Román Rodríguez

 

La Lomce continúa su trámite parlamentario, en lo que constituye una evidente muestra de soberbia de la actual mayoría absoluta del PP. Incapaz de atender las numerosas críticas que a la misma le han planteado desde distintos sectores educativos. Empeñados en imponer su modelo educativo, muy politizado e ideologizado, que no responde a los retos que debe afrontar la Educación en el próximo período. El diputado de Nueva Canarias Pedro Quevedo ha presentado una enmienda a la totalidad en la que se argumentan de forma extensa las razones que nos llevan al rechazo global de esta ley.

 

En primer lugar, porque se trata de un proyecto de ley que nace sin acuerdo social y parlamentario. Con el rechazo de casi la práctica totalidad de los partidos políticos, de la mayoría de los sindicatos, de las asociaciones de padres y madres, de las organizaciones del alumnado y de los expertos. Así como de universidades, Conferencia de Decanos de Educación, Consejo Escolar del Estado y distintos consejos escolares autonómicos. Es la ley educativa con menos apoyos de todas las elaboradas en los últimos 35 años.

 

La enmienda a la totalidad también hace hincapié en la inestabilidad legislativa que supone otra nueva ley, la séptima en la etapa democrática. Sin haber realizado, como hubiese sido más razonable, una evaluación de la ley vigente; y proceder, en todo caso, a la corrección de su déficit, no a establecer una nueva ley que lo cambia todo a sabiendas de que los sistemas educativos de éxito precisan de estabilidad y continuidad en el tiempo.

 

Se opta por una nueva normativa legal que no va a solventar los grandes problemas del sistema educativo español, entre otros el abandono escolar temprano (con estrecha vinculación, en buena medida, con el modelo económico, como vimos en la etapa del boom del ladrillo), el fracaso escolar, la desatención del primer ciclo de Infantil, la escasa adecuación de la FP a las cambiantes necesidades del mercado de trabajo, los idiomas o la integración de alumnado con necesidades educativas especiales.

 

Valores

La Lomce significa, además, un importante retroceso en la educación en valores, clave en la formación de ciudadanos y ciudadanas responsables y críticos. Se eliminan las asignaturas relacionadas con la igualdad entre hombres y mujeres, el respeto a la diferencia o la solidaridad, mientras se impone la Religión como materia evaluable.

 

Esta reforma supone, asimismo, un ataque frontal contra uno de los mayores éxitos del sistema educativo español y canario, reconocido por los organismos internacionales, entre ellos, la OCDE, como es su elevado nivel de equidad. Además de la imposición actual de políticas restrictivas en el acceso, la cantidad y la dotación de las becas, se abandona el empeño en la igualdad de oportunidades y se transitará por otro camino bien distinto: el de los itinerarios en la ESO que contribuirán a la segregación temprana del alumnado y la exclusión de una parte de estos de los conocimientos básicos y comunes que deberían adquirir antes de los 16 años

 

Asimismo, se introducen una serie de reválidas al final de la ESO y del Bachillerato, que suponen una carrera de obstáculos que choca contra la imprescindible labor de la evaluación continua por parte de los docentes de todo el proceso educativo de su alumnado.

Peor suerte corre la educación Infantil. No se asegura la etapa de 0 a 3 años como educadora, al dejarla como meramente asistencial. Cuando los estudios confirman que la socialización y escolarización temprana favorece los resultados futuros, especialmente, en las familias con menores recursos sociocuturales.

 

Democracia

Asimismo, la nueva ley convierte en papel mojado la participación democrática en los centros educativos. En efecto, los consejos escolares pierden su carácter decisorio y se convierten en consultivos.

 

La Lomce garantiza la concertación de aquellos centros privados que segreguen al alumnado por sexo, es decir, su mantenimiento con fondos públicos. Y abre el camino, igualmente, a nuevas formas de privatización del sistema educativo, facilitando la penetración del sector privado en otras etapas no obligatorias.

 

Desde el nacionalismo progresista también hemos denunciado el espíritu centralizador de la nueva ley, que restringe competencias de las comunidades a favor del Estado. Cuando una de las características de nuestro sistema, como reconoce PISA, es la enorme homogeneidad entre los distintos territorios, pese a los niveles de descentralización.

 

Por último, la Lomce nace sin ficha financiera y con un sistema educativo descapitalizado, que ha sufrido brutales recortes presupuestarios en los últimos años. Y que, pese al aumento de alumnado, ha experimentado notables reducciones en las plantillas docentes en los dos últimos cursos. Y ese es uno de los grandes problemas del sistema educativo español.

 

Considero que urge rectificar y trabajar en el ámbito de la Educación desde el diálogo y el consenso. Desde el compromiso con la calidad, la igualdad de oportunidades, la coeducación, la inclusión de los más desfavorecidos, la vinculación y adecuación al mundo del trabajo y la formación inicial y continua del profesorado. Aspectos que la Lomce y sus impulsores no han querido tener en cuenta.

 

Román Rodríguez es diputado en el Parlamento canario y presidente de Nueva Canarias.