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Miguel Ángel Pulido

 

El poco tiempo transcurrido desde la aprobación de la última modificación de esta Ley –y van siete- empieza a darnos la razón a aquellos que hemos defendido que, en su tramitación, se estaba intentando coger un atajo, rodeado de irregularidades y de falta de previsión y transparencia, para imponer un modelo turístico no adaptado a nuestra realidad, por lo que el remedio puede terminar siendo peor que la enfermedad.

 

Algunos ya advertíamos que era necesario buscar el máximo acuerdo y consenso posible en su tramitación. Pero los responsables de la cosa, que ahora quieren aparecer como salvadores de la patria, se negaron a escucharnos y terminaron imponiendo un texto, deprisa y corriendo, sin los necesarios informes del Consejo Consultivo de Canarias. Y ahora se encuentran con dos recursos aceptados a trámite por el Tribunal Constitucional, uno de amparo y otro de inconstitucionalidad, y con una investigación iniciada de oficio por la Comisión Europea, en uno caso por la posible vulneración de normativa básica estatal y, en otro, por no respetar la normativa ambiental europea, lo que se vuelve a traducir en inseguridad jurídica para los inversores.

 

Y hablamos de falta de previsión porque no es casual que los partidos que apoyaban al Gobierno, CC y PSC-PSOE, hayan decidido volver a enmendar la Ley 6/2016, de 27 de septiembre, que modificaba la Ley 6/2002, sobre medidas de ordenación territorial de la actividad turística de las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro, modificando de nuevo los artículos 1, 5, 7, 8 y 9 y la Disposición Adicional Primera, así como introduciendo nuevas Disposiciones Adicionales.

 

Esto demuestra que este Gobierno no tiene claridad, ni convicción, para sacar adelante la tarea de sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo para estas islas. Y una prueba más es la improvisación que, como tónica general, se vuelve a imponer en un tema tan esencial como es el establecer el marco normativo que nos permita tener un modelo turístico diferenciado, de calidad, adaptado a nuestro entorno natural, de alto valor añadido, y que dé seguridad jurídica a los inversores y trabajo a la gente de aquí.

 

Lo que si hacen es utilizar de forma continua el argumento, como si de un “mantra” se tratara, de que los que defensores de un modelo de desarrollo distinto somos los del no a todo. Y se equivocan, porque somos los del SI a un nuevo modelo económico ordenado, competitivo y sostenible, que sea capaz de generar empleo estable y de calidad, acabando con la pobreza laboral que nos imponen con su modelo ultraliberal y de “barra libre”, dando respuesta al drama social que significa el desempleo y que nos ayude a fijar la población al territorio, evitando la pérdida de un valioso capital humano –los jóvenes mejor formados- que se ve obligado a abandonar la Isla.

 

Somos los del SI a la apuesta por el desarrollo de un nuevo modelo energético, basado en las energías renovables y limpias, en la generación distribuida, para avanzar hacia la soberanía energética, hacia una isla 100% renovable, para que la dependencia de las energías fósiles –como el petróleo y el gas- pasen a ser algo del pasado.

 

Somos los del SI a la apuesta por desarrollar la agricultura ecológica y la ganadería, especialmente en las zonas de altitud media de la isla, modificando el actual sistema de ayudas del REA, que beneficia a los grandes importadores y lleva a la ruina a los productores locales, para producir aquí gran parte de lo que consumimos, avanzando hacia una mayor soberanía alimentaria.

 

Somos los del SI a la apuesta por estructurar y articular la isla como un destino turístico singular. Un destino que permita combinar el “sol y playa”, con la puesta en valor de nuestro patrimonio natural y cultural, orientando nuestras acciones a captar a un segmento de demanda interesado en el conjunto de recursos y actividades relacionadas con la naturaleza, creando para ello los equipamientos que cualifiquen esa oferta.

 

Somos los del SI a la apuesta por favorecer el desarrollo de actividades agroindustriales que permitan transformar nuestros productos agrarios y colocarlos en el mercado canario, así como la llamada economía del conocimiento y no, como hacen otros, basado exclusivamente en el cemento, con un modelo desarrollista ya fracasado.

Miguel Ángel Pulido,  secretario de Organización de Nueva Canarias (NC) de La Palma.

 

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