Román Rodríguez

 

La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE), celebrada los pasados 26 y 27 de junio, ha resultado decepcionante. No ha estado, en modo alguno, a la altura de las graves circunstancias económicas y sociales de la UE, que demandan actuaciones rigurosas y efectivas y no tímidos planes que poco van a impactar en la economía y en el empleo.

 

Mientras se deterioran gravemente las condiciones de vida y aumenta el desempleo y la pobreza, mientras crece el desafecto ciudadano hacia la Unión y el descrédito del conjunto de las instituciones estatales y europeas, la UE parece impasible e incapaz de elaborar y poner en marcha unas políticas que modifiquen sustancialmente la realidad actual.

 

La comparativa entre los acuerdos del Consejo Europeo de junio de 2012 y los adoptados en la reciente cumbre muestran una retórica similar sobre la intencionalidad de “relanzar el crecimiento, la inversión y el empleo”. Pero la tozuda realidad es que de entonces a hoy en Europa hay 1,7 millones de parados más, de los que casi un 30%, medio millón, corresponden a España.

 

En medio de una Europa con 27 millones de personas desempleadas, en prolongada recesión económica y en la que tratar de acceder al crédito en el Norte es bien distinto a intentarlo en el Sur, los líderes de esta Europa paralizada se limitan a repetir las intenciones y las promesas de hace un año.

 

Crecimiento

Hay que recordar, en ese sentido, aquel Plan de Empleo y Crecimiento impulsado por el presidente francés François Hollande y dotado, decían, con 120.000 millones de euros. Fue el acuerdo estelar del Consejo desarrollado el verano del 2012 y no se ha cumplido. Frente a ese incumplimiento en las políticas de estímulo a la economía, en Europa se han continuado aplicando las políticas basadas en la austeridad y en los recortes que han mostrado su completo fracaso, retrayendo la economía e incrementando de forma notable el desempleo.

 

Ahora, un año después, los dirigentes europeos nos ofrecen más de lo mismo. En esta ocasión, un Plan de Empleo Juvenil dotado con 6.000 millones de euros para el período 2014-2020, aunque adelantarán las cantidades para que puedan ser utilizadas en los ejercicios de los años 2014 y 2015.

 

Esta cantidad resulta realmente insignificante para la magnitud del problema del paro entre los jóvenes del conjunto de la Europa desde hace unos días de los 28, con la incorporación de Croacia. En el caso del Estado español corresponderían 270 millones de euros al año. Y para Canarias, con el 69% de los jóvenes en situación de desempleo, no pasaría de 13 millones anuales.

 

En cualquier caso, desde Nueva Canarias hemos demandado que el reparto de las cantidades que corresponden al Estado español se lleve a cabo en función de los niveles de desempleo juvenil de cada Comunidad. Cualquier otra fórmula que no contemple las tasas de paro territoriales nos perjudicaría y sería, además, completamente injusta.

 

Créditos

El fiasco se produce también con relación a los créditos. Sólo se establece un vago compromiso de que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) va a avalar a la banca privada para la extensión de los mismos. Por lo que los créditos seguirán sin llegar a Pymes y familias.

 

Igualmente nada se avanza respecto a la unión bancaria. Esta permitiría unificar los créditos en el conjunto de la Unión, evitando el actual abismo en las condiciones de acceso a los mismos entre el Norte y el Sur, así como que la garantía de los depósitos fuera europea y no de cada uno de los estados. Tampoco se avanza lo suficiente en la recapitalización directa de los bancos que permitiría que esta no cuente como deuda pública: sólo será posible en muy determinados casos. Indefinición absoluta.

 

El fracaso de Europa es también el fracaso del pacto PP-PSOE en el Congreso de los Diputados en relación con el Consejo Europeo: sus peticiones en materia de empleo juvenil, créditos o unión bancaria han sido completamente desestimadas, como ya preveíamos cuando no nos sumamos al mismo por las impositivas formas del acuerdo y por considerar insuficientes sus contenidos.

 

Europa camina por una senda tan equivocada como peligrosa. Resulta auténticamente obsceno que la banca privada haya contado con ayudas públicas que superan el billón y medio de euros, mientras que comparativamente son raquíticas y ridículas las cantidades que se destinan a incrementar el empleo, como lo reflejan esos 6.000 millones para combatir el paro juvenil, que alcanza ya los siete millones en la Unión, expresando claramente dónde se sitúan las prioridades; no en las personas, por cierto.

 

Las esperanzas en el papel reorientador que podría suponer la llegada de los socialistas franceses al poder y su posible influencia en el marco europeo se van diluyendo día a día, mientras Alemania sigue imponiendo sus posiciones en esta Europa más que decepcionante.

Román Rodríguez es diputado en el Parlamento de Canarias y presidente de NC.