Canarias ha experimentado un enorme crecimiento demográfico en la última década, especialmente significativo en islas como Lanzarote y Fuerteventura que, en poco tiempo, han duplicado su población. Un crecimiento vinculado al modelo económico, escasamente sostenible, que ha precisado de la importación continua de mano de obra para poder mantener la actividad en la construcción y de los servicios.
Por eso no se sostienen los discursos que culpabilizan a la inmigración del paro y de la saturación de los servicios públicos. No hay que olvidar que el paro más elevado está en islas como La Palma y La Gomera, con población casi estancada. Y que en esas mismas islas es preocupante la valoración ciudadana de la sanidad.
La clave, en opinión de Nueva Canarias, está en reorientar el modelo económico hacia la sostenibilidad, creciendo en función de los intereses de la población de las Islas y evitando el deterioro medioambiental.
Mejorando, asimismo, los sistemas de control del acceso a nuestro territorio. Exigiendo la implicación de los organismos internacionales en el desarrollo de los países pobres, la mejor forma de que la gente tenga porvenir sin salir de su tierra. Y adoptando sistemas, como el de cupos, que permiten la incorporación de personas de otros países de forma ordenada y regular, evitando la explotación, facilitando la integración y garantizando la convivencia.