Las mujeres canarias han roto con la marginación y el olvido de siglos e iniciado el largo y duro camino hacia la igualdad. Su capacidad de superación es visible en los institutos y en las universidades. Su presencia en los distintos sectores y niveles de la actividad productiva es cada vez mayor.
Pero quedan muchas asignaturas pendientes. En el terreno laboral, por las diferencias salariales que aún persisten con los hombres. Y por las dificultades para hacer compatibles el empleo con las cargas familiares que ellas siguen llevando mayoritariamente, desde las tareas domésticas a todo lo referido a la crianza de los hijos e hijas. En el de la actividad política, porque están todavía infrarrepresentadas en partidos e instituciones. En el de la marginación y exclusión social, porque la pobreza tiene rostro femenino.
Además, Canarias presenta datos más que preocupantes respecto a la violencia contra las mujeres. Una lacra a la que hay que enfrentarse no sólo con las leyes, sino con la extensión desde la infancia de los valores de una cultura de la igualdad, en la que nadie se crea dueño y señor de nadie, y en la que prime el respeto y la colaboración.
El compromiso con la plena igualdad entre hombres y mujeres es una de las señas de identidad de Nueva Canarias.